jueves, 1 de marzo de 2012

Fragmento 1

Los días de lluvia, donde hay esas tormentas fuertes y fulminantes, siempre me traen recuerdos de aquellos momentos especiales vividos bajo las gotas de agua. Y, justamente, la última tormenta me recordó un capítulo de la novela "Todos los días resucita un amor" que pronto terminaré. Es un pasaje inolvidable que, dudo mucho, pueda ser reemplazado por algún otro... Es solo un trocito de un capítulo de mi novela...




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Manuel entró a su casa mojado por la lluvia. Se fue caminando desde la oficina para evitarse el desastre de la hora pico que habita el subterráneo a las seis de la tarde. Así también aprovechaba para pensar. La discusión con Gisela lo había descolocado bastante y las gotas podían enfriar un poco el malestar del mal rato.

Antes de cruzar la puerta de su habitación le sonó el teléfono. Metió la mano en su bolsillo empapado y lo sacó. Fue grande la sorpresa cuando leyó el nombre de ella bien grande y con su foto al lado, destellando en medio de la campana polifónica.

"¿Qué pasó?", le lanzó frío y rehacio. "Me acaban de atracar", replicó Gisela entre lágrimas. Manuel cambió la cara y perdía el color del rostro a medida que le contaba como un malandro la interceptó detrás de un puesto de diarios y le exigió a punta de pistola el bolso gris en el que llevaba su portátil. Según dedujo, ya la venían vigilando días atrás en su camino de la oficina al Metro. El delicuente se subió en la parte de atrás de una moto que se detuvo con otro al volante justo frente a ellos y se fue. "¿Dónde estás?", preguntó Manuel mientras se deshacía de su ropa mojada y se cambiaba para salir a buscarla. "Estoy muy asustada, no quiero salir. ¿Y si me están esperando? Estoy dentro del centro de comunicaciones en la calle que baja al Recreo. Por favor, ven rápido, estoy muy nerviosa. "Voy para allá".

La lluvia no fue motivo para detener a Manuel. Corrió como hacía años que no lo hacía. Atravesó cuadras y pisó charcos, mientras lo único que se le cruzaba por su cabeza era ella, Gisela, mojada y llorando rodeada de extraños. Llegó al boulevard de Sabana Grande, que tenía más gente que agua. Las personas lo miraban correr, y esperaban con su cabeza girada el motivo por el cual parecía huir. Sorteaba familias, niños, parejas tomadas de la mano y no se detuvo durante las ocho cuadras que los separaban.

Parecía una película, o así lo vieron ellos cuando recordaban el episodio años después; cuando se vieron por última vez. A Manuel se le hacía eterno el camino. Solo quería llegar, verla, tocarla, abrazarla. Ella quería que él llegara. Que la abrazara y la sacara de ahí. 

Manuel se paró en la puerta. Gisela alzó la vista y caminó hacia él con lágrimas en los ojos. Se abrazaron un instante. A ninguno le importó que sus ropas estuviesen chorreando agua. El calor de ese abrazo era suficiente para que pasara lo malo. La tomó por la cintura y salieron de allí. La calle era un desastre, el tráfico anormal y no paraba la tormenta. Las nubes grises hicieron que oscureciera más temprano y la poca iluminación de la calle no ayudaba a sus tacones a acertar cada paso. Pero él la sostenía, seguro, para que notara que siempre estaría a su lado y que nunca,jamás, la dejaría caer.

Trataron de conseguir un taxi, pero los de la línea del centro comercial no querían trabajar debido a la lluvia. Uno de ellos "se apiadó" a cambio de cien bolívares que los llevarían "Pa´donde quieran ir". Manuel aceptó y se subieron al viejo Ford. Ahí ella lo miró, aún nerviosa le tomó de la mano y después de comenzar a llorar le dijo "Gracias. Gracias por estar siempre conmigo. Perdona lo de más temprano". Él la miró a esos ojos que le ganaban a la noche, a cualquier día nublado y respondió: "Ya está. No importa". Se besaron hasta que el ruido de los claxons desapareció. Hasta que el silencio revivió lo que momentáneamente había muerto esa tarde. Al separarse y abrir los ojos ya estaban en su casa. Bajaron corriendo y entraron al edificio. Ella se miró en el espejo del ascensor y trató de acomodar su cabello, lo miró en su reflejo y lo abrazó, muy fuerte, por unos segundos, hasta que las puertas se abrieron tras ellos...

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Marzo

A veces creo que debí nacer prematuro. Un mes antes. Cada vez que Marzo atraviesa el calendario se abren y cierran ciclos en mi vida que, de alguna u otra forma, marcan ciertas partes de mi existencia. No es por hoy; es por los últimos años. He pasado cambios relevantes cada tercer mes del año, cuando empieza el otoño; en ese espacio temporal y sensorial en el que comienzan a morir las hojas de los árboles y renace el viento, la lluvia y el frío. A pesar de venir al mundo un once de Abril, creo que Marzo, por alguna mágica, cósmica, inexplicable razón me hace renacer, respirar profundo y tener más ganas de mirar hacia adelante; no importa lo que el pasado me traiga como consecuencia.

En Marzo se cierran puertas y ventanas al mismo tiempo que cada paso abre otras. En Marzo comienzan a llegar sonrisas nuevas, chocolates nuevos, palabras nuevas y hasta un aire adolescente que bien vale la pena respirar. Este mes nos dice que por más tormentas que lleguen una tarde, al día siguiente - o el siguiente después de ese - saldrá el sol. No tendré frío ni tendré calor. Marzo se lleva, con creces, el calificativo de favorito dentro de todos los meses del año.

Marzo trae abrazos distintos, de esos donde te provoca pasar el día. Trae besos que saben como la miel fresca. Trae aventuras inolvidables, tranquilidad y brindis con los amigos. Marzo me trae recuerdos, recuerdos de edificios, recuerdos de lluvias, recuerdos de finales. Marzo llega con ilusiones. Sueños de futuro, de esperanza. En Marzo termina el verano, como en "500 días con ella", y llega el otoño a salvarme. A veces, creo que no es coincidencia, si no que es así.

En Marzo empezamos. En Marzo terminamos. En Marzo se suspira por amor y por desamor. Marzo tiene esa mística que ningún otro mes posee. En Marzo hay más música, más películas y poemas. En Marzo hay ojos verdes, azules, pardos y negros. En Marzo hay una vida más allá de la distancia entre cada paso. En Marzo soy nuevo, o "yo de nuevo", mejor dicho. Marzo revive. En Marzo resucita el amor por mí.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una ruptura que dura para siempre



Terminar una relación es algo bastante complicado. Es difícil en cualquiera de sus momentos. Al principio, cuando aún estás en esa etapa de ilusionarte, de acostumbrarte, de tolerar, te queda esa sensación de vacuidad por lo que pudo ser y no fue y, quizás, el trauma es más doloroso, pero con una duración menor. A mitad de una relación, en ese período flat en el que la rutina es el principal enemigo y que todo, aparentemente, es "normal", una ruptura cae como un balde de agua helada y nos deja la mirada en shock.Ya para el final de una relación, cuando sabes que tienes todos los problemas del mundo y que simplemente aguantas a tu pareja por no estar solo(a), la sensación que más jode es justamente el tratar de desacostumbrarse a muchas cosas y empezar de cero.

Toda ruptura, temporal o definitiva, siempre es positiva. Algo te deja la frustración de finalizar un ciclo, haya durado lo que haya durado. Se aprende, se reflexiona, se cambia, se llora. Pero lo que tiene cada fin es que hace a la otra persona inolvidable, al punto de que en el futuro cercano y lejano recordarás cinco cosas de manera fácil e inmediata: cuando la(o) conociste, la primera cita, la primera y ultima vez que tiraron (garcharon, follaron, cogieron), alguna ocasión especial (un viaje, un cumpleaños, una cena, un accidente, una "falsa alarma") y cuando terminaron. De resto, hay que hacer mucha memoria para acordarse de lo demás.

Sin embargo, y en esto estoy totalmente en contra, hay seres humanos, tanto hombres como mujeres (y seguramente más hombres que mujeres) que a pesar de terminar una relación, a pesar de haberse separado de la convivencia, divorciado, agarrado sus cuatro cosas e irse como el chavo de la vecindad, siguen orbitando al otro como buitre; y peor aún, reclaman y exigen como si nada hubiese pasado.

En pocas palabras, detesto sobremanera ese machismo tercermundista troglodita retardatario de que "tu eres mía", "vos sos mi señora", "sigues siendo la madre de mis hijos", "yo te desvirgué y me perteneces", y demás expresiones patéticas, que lo único que indican es la frustración de la persona en cuestión por no conseguir a alguien más, y que solamente aminoran su miseria haciendo sentir al(la) otro(a) más miserable.

Si terminaste, terminaste, coño. No tienes derecho a pataleo, ni a formar una escena, ni a hacer sentir mal a nadie porque bailó, besó, frotó, mordió, escupió a otra persona; ni siquiera al segundo después de decir "ya no estamos más juntos". Que el otro evolucionó, siguió para adelante, consiguió a alguien mejor que tú al darse la vuelta no te da derecho a fastidiarle la existencia, por más que hayan nacido siameses.

Ese círculo vicioso, esas rupturas que nunca acaban son las que se tienen que superar. De ambos lados. No hay que acosar, no hay mirar Twitter ni Facebook para ver si tiene a otra(o). Si la(o) ves en un boliche rodeado de pretendientes, anda y consigue los tuyos y no le arruines el momento. Ninguno de los dos tiene potestad ni privilegios con el otro. Maduren.

La mejor separación es la que se tiene solo, con "esa banda de amigos que me aguanta el corazón". Es más humano y menos psicópata dejar al(la) otro(a) por su cuenta; y si tiene que resucitar ese amor pues seguro lo hará. Si no, es más bonito recordar bien a ese(a) compañero(a) y forjar una amistad o, mejor dicho, resucitar el amor en otro nivel.

  

El inicio del final

Estoy escribiendo una novela, o por lo menos eso creo. Tiene la temática, la extensión, los personajes y el argumento como para que entre someramente en ese rango. Ya tengo un año en eso, poco más poco menos, pero justo doce meses en donde escribo diariamente o con intervalos de semanas completas dependiendo de la inspiración. Como todo en la vida, pues. Sin embargo, lo que si tiene de particular esta historia es que está basada en una película. Sí, en una película que aún no se ha filmado. Incluso, en una película cuyo guión muestra un final tachado, con notas, pie de páginas, más tachaduras y que su final no termina de escribirse a pesar que ya tiene fecha estimada de rodaje.

Pareciera que lo común es basar las películas en las novelas y no al revés, pero esta historia es bastante peculiar. Escribí un guión para un corto. Un drama desgarrador de esos que solo se me ocurren hacer a mí; con su inicio, su clímax y su desenlace bien definidos en quince minutos. Pero la vida me hizo vivir más, valga la redundancia. Así que lo convertí en un largo. Mi primer largo. Fueron otros trescientos sesenta y cinco días de notas, cambios, personajes que entraron, salieron y, lo más positivo del asunto, la vuelta de ciento ochenta grados que dio hacia una comedia. Lo único que se mantuvo estable del 2009 para acá fue el título de la obra, que le da nombre al guión, a la novela y a este blog: "Todos los días resucita un amor".

El texto de la novela complementa lo que no se dirá en la película y la película muestra algunas cosas que no saldrán en la novela ¿Por qué? Simple. Porque una es el escape, el drenaje de la otra. Porque en el momento que escribí el guión, o la mayoría, vivía una situación, un contexto, muy diferente al que viví (vivo) al escribir la novela. La película tiene un poco más de "biográfica" que la novela. Pero, a todo esto ¿De que va el cuento, mi pana?

Bien, "Todos los días resucita un amor" trata de eso, del amor. Del eterno, del pasional, del tierno, del visceral, del dañino, del inolvidable, del casual, del sexual, del que odias. El amor en todas sus vertientes existenciales plasmadas en un par de protagonistas que se entremezclan con una gama de personajes singulares que aman, desaman y vuelven a amar. Porque el amor es eso. Es una energía que viene y va como las olas; como el cometa Haley, como los pantalones campana y las hombreras. A todos, a diario, nos disminuye lo que sentimos por alguien, y al despertar amanece como si nada. Eso es amar. Seguir ahí a pesar de todo.

De esta forma, el fin último de este blog es compartir todo aquello sobre las relaciones humanas (mías, de mi círculo cercano o de cultura general) que no entró ni en mi libro ni en mi guión. Cada entrada será el resultado de esos post-its, de esas hojas de cuaderno o de notas olvidadas en el Evernote que quise incluir de alguna forma en todo este berenjenal que me salió de la cabeza. Tópicos que pueden servirnos para identificarnos, reir o criticarme, pero que al fin y al cabo soy libre de expresar en tiempos previos a la (ojalá que no) censura en Internet.

Espero que disfruten cada resurrección!